Vino del otro lado ... (2)

A la mañana siguiente me despertaron unas voces en un idioma desconocido que provenían de la planta baja de la casa. Me levanté y fui al cuarto de baño, me aseé y vestí con un traje de pana marrón. Me fijé en que ya no estaba nuestro antiguo espejo y en su lugar había un enorme hueco para el nuevo. Caminé hacia las escaleras con la idea de bajar al pasillo y mirarme en el nuevo espejo pero cuando llegué vi a un par de jóvenes vestidos con unos petos de trabajo. Iban cargando con el espejo de piedra y por detrás mi esposa les iba dando órdenes y cuidando de que no golpearan las paredes con él. Los muchachos iban hablando en un idioma desconocido para mí y parecían algo inquietos.

Me eché a un lado y deje pasar a los dos porteadores que se dirigieron a nuestra habitación. Amanda pasó junto a mí y me dio un beso en la mejilla y siguió detrás de los muchachos, guiándoles. Se oyó un fuerte ruido y un arrastrar de algo pesado e inmediatamente los dos jóvenes salieron rápidamente de la habitación y bajaron por las escaleras. Apareció mi mujer con un par de monedas en la mano y con una mirada extrañada en la cara:

- Que raro... no han querido nada de propina. Nada más colocar el espejo se han marchado corriendo, ya lo viste.

-Mejor Amanda, esas monedas que les ibas a dar nos harán falta como la situación siga como hasta ahora.

Pasé a su lado y fui a mirarme en el espejo. Me ajusté la corbata frente a él y me limpié las hombreras de la chaqueta. La verdad que el espejo encajaba bien en la habitación, daba un toque rústico... Me fijé en las figuras de los bordes de piedra, me dio la sensación de que las escenas en ella grabadas habían cambiado. Seguían representando actividades cotidianas de algún tipo de tribu... pero algo había cambiado en ellas, parecían mucho más vivas que el día anterior. El tono verdoso de la piedra era ahora mucho más notable y la superficie del espejo tenía ese mismo reflejo. Quedé ensimismado mientras me miraba y por breves segundos todo lo de mi alrededor desapareció y solo estaba mi reflejo. La voz de mi mujer desde el pasillo me sacó de aquella especie de trance, sacudí fuertemente mi cabeza y salí a toda prisa de la habitación con una pesada sensación en mi pecho.

-Alfred, vamos a desayunar- Repetía Amanda mientras bajaba las escaleras.

Bajé algunos escalones por detrás de ella y la seguí a la cocina. Me senté en la mesa y observé a Amanda mientras preparaba el desayuno. Hubo algo en sus movimientos que me extrañó, parecía moverse algo más lento que de costumbre y titubear un poco a la hora de coger las cosas de los armarios, además no podía quitarme de la cabeza la sensación de que se paraba unos instantes frente a cada cristal de la cocina...Saqué aquellas ideas de mi cabeza, debía ser que aún no estaba despierto del todo. Nada iba mal... que equivocado estaba pensando eso.


Tomamos el desayuno, la dejé limpiando la cocina y el resto de la planta y subí a mi despacho. Me cerré con llave por dentro como hacía siempre y me senté a escribir. Recogí la pluma y la mojé en tinta. Miré fijamente a la hoja de papel en blanco que me esperaba sobre la mesa. Podía escribir con maquina... pero prefería que las letras fluyeran directamente de mi a la tinta, era una manía de escritor como Amanda solía llamarla. Dejé mi mente en blanco buscando que las ideas llegaran a mí. Comencé a escribir algunos versos sin demasiado atino, pero poco a poco fui notando como entraba en el estado de insensibilidad absoluta que me dominaba cuando me llegaba la inspiración. La pluma prácticamente se movía sola sobre el papel, las ideas corrían de mi mente a la pluma y de la pluma al papel. Escribí y escribí sin pensar en nada, solo plasmando lo primero que llegaba a mi mente. No noté el pasar del tiempo, ni los ruidos de la calle que entraban por mi ventana. Poco a poco aquella sensación fue desapareciendo de mi mente y cuando se fue completamente miré el reloj. Habían pasado un par de horas, un par de horas de frenético trabajo. Había escrito cuatro o cinco folios llenos de ideas caóticas. Me asombré de lo escrito, la mitad de las palabras no las entendía y lo había escrito todo con una caligrafía lamentable. Había hecho hasta algunos dibujos parecidos a los del espejo pétreo. Hablaba continuamente de estrellas, de planetas, de soles... lo poco que estaba escrito en un idioma que podía entender apenas si tenía algún sentido para mí. Una fría sensación recorrió mi cuerpo entero, un terror enorme se fue apoderando de mí y tuve la fuerte sensación de saltar por la ventana. Recogí aquellos papeles e incluso la pluma y bajé corriendo a la cocina. Arrojé a las llamas las hojas escritas y la pluma ante la mirada atónita de Amanda que soltó un gritó cuando los objetos comenzaron a arder.

-¿Qué haces? ¿Por qué las tiras? ¿Estás loco? Era la pluma que te regalé...

No contesté y subí corriendo las escaleras en dirección al espejo del cuarto de baño. Observé todas y cada una de las figuras, seguían teniendo ese tono verdoso de siempre. Fui a mi despacho y saqué un montón de folios y un par de carboncillos. Me senté frente al horrendo espejo y comencé a calcar cada relieve de la piedra. Calqué todas y cada una de las escenas grabadas en la piedra y cada palabra escrita en él, mientras lo hacía me di cuenta de que alguna de esos símbolos habían sido escritos por mí mismo apenas unos minutos atrás en los mismos papeles que acababa de arrojar al fuego. Amanda subió y me miró extrañada mientras calcaba la piedra, no dijo ni una sola palabra, tan solo miraba al espejo y del espejo a mí.

Después de media hora había logrado calcarlo todo, ordené las hojas y me encerré en mi despacho dejando a Amanda en el cuarto de baño. En el suelo de mi despacho coloqué todas las hojas de papel recreando la silueta del espejo y fui observando todas y cada una de las figuras. Parecían ser una especie de guía de rituales, era como manual de instrucciones para algún tipo de sacerdote de una tribu. Seguramente los trazos que rodeaban cada escena sería una explicación detallada de las palabras necesarias o de los ingredientes necesarios para llevar a cabo el ritual. Observé detalladamente cada palabra de aquel extraño idioma, parecía que cuanto más lo miraba más coherente me parecía y descubrí que había una palabra que entendía perfectamente y que había escrito decenas de veces en los papeles que acababa de quemar. Cogí una hoja de papel y la escribí con letras grandes.

R'lyeh


Cuando terminé de escribir aquella desconocida palabra en la hoja de papel me embargó una fuerte sensación de desesperación y terror. Retrocedí hasta notar la pared contra mi espalda y tanteé hasta encontrar el picaporte de la puerta y salí rápidamente de mi cuarto. Aquella palabra resonaba en mi mente una y otra vez. Bajé al comedor corriendo, abrí el armario y saqué una botella de licor y un vaso ancho. Bebí un par de vasos hasta que fui notando como aquella sensación desaparecía lentamente. Desde arriba Amanda me preguntaba si sucedía algo, pero yo no la contestaba y apenas si la oía, solo pensaba en aquellas escenas grabadas en la piedra y aquellas extrañas letras. Amanda bajó las escaleras lentamente y se asomó al salón.

-¿Sucede algo cariño? Has salido corriendo y dando portazos...

-Nada Amanda, tranquila no pasa nada. Solo necesito estar solo y descansar un poco... prepara la comida por favor... - Di un largo trago al vaso e hice un ademán con la mano.

Ella salió lentamente del salón y la noté mover cacharros en la cocina. Me quedé con la mirada perdida y poco a poco me fuí sumiendo en un extraño sopor hasta caer dormido. Fue extraño, no recuerdo haber dormido tanto como para soñar... Aparecían escenas talladas en piedra y largas letras sin sentido todo sobre un fondo de color verde intenso. Me vi a mi mismo reflejado en todas partes, cada rostro expresando algo distinto, alegría, terror, extrañeza, dolor, placer... Notaba que algo rondaba a mi alrededor, algo terrorífico que vigilaba todos y cada uno de mis reflejos. Una extraña bruma empezó a cubrirlo todo, mis reflejos, las escenas y letras grabadas en la piedra...todo desapareció bajo la espesa bruma. Un frío intenso recorrió todo mi ser. La niebla poco a poco fue creciendo y volvíendose más y más densa. Dejé de ver nada. Solo oía un fuerte ruido metódico, que cada varios segundos sonaba a lo lejos. Me noté parado en mitad de la niebla, aunque no era consciente de mi propio cuerpo. Aquel sonido seguía de fondo. De repente entre la niebla fue apareciendo algo. Aunque mi cuerpo no se movió aquella mole surgió ante mí. Era una estructura de un tamaño descomunal, más grande que ningún rascacielos que hubiese visto nunca. La estructura parecía estar cubierta de una especie de limo de un color verde oscuro y de las esquinas colgaban unas largas lianas. Aquella escalofriante torre estaba llena de recovecos, de ángulos interiores y exteriores. La luz, que venía de algún lugar encima mía, incidía sobre la superficie de la torre creando un extraño juego de sombras que la hacían aún más imponente.

Esta visión se quedó grabada en mí a fuego, cada palmo de la verdosa piedra se plasmaba en mi mente. Aquella especie de ronquido eterno seguía sonando y cada vez parecía más cerca. Sin apenas advertirlo la estructura siguió moviendose y poco a poco se fue volviendo más clara... grabadas en la limosa piedra pude ver figuras de un tamaño descomunal, cada una de ellas era más grande que cualquier hombre y mostraban criaturas antropomorfas pero con extraños apéndices en las espaldas. Estas grandes criaturas se asemejaban a sapos y parecían estar sentadas en grandes piedras, pude observa que talladas en un tamaño minúsculo, frente a los grandes sapos antropomorfos, había humanos. Estos parecían llevar andrajos en lugar de ropa y todos tenían las manos alzadas al cielo como si les rogasen algo a aquellos seres.

El ronquido fue aumentando de intensidad y aquel pilar siguió avanzando frente a mí entre la espesa niebla. De repente entre la bruma y en lo alto de la ciclópea estructura me pareció ver una masa oscura que se movía regularmente con cada sonido... Inmediatamente en mi mente sonó algo parecido a palabras que extrañamente mi quebrada mente logró entender “Me despertó...”

Antes de que aquella voz pudiese terminar desconocido mensaje unas manos femeninas me sacaron del extraño sopor.

-Alfred, te quedaste dormido. La cena esta lista, vamos.


La miré con ojos desorbitados y con aquellas palabras aún resonando en mi cabeza, no entendía que acababa de suceder, en mi corazón pesaba todo lo recién soñado. Lo soñado porque era lo normal que sucedía cuando uno dormitaba, pues para mí no hubo ninguna diferencia con la realidad y aún ahora me parecía ver aquella bruma alrededor de mi esposa.

Me levanté con dificultad. Dejé el vaso vacío en el mueble bar y caminé tras mi mujer hacia la cocina. Allí apenas si pude comer nada, en cambio Amanda parecía que no había comido en años. No hablamos casi nada, nos limitamos a mirarnos en silencio. Después de la cena fuimos al salón y nos sentamos en el sofá mientras escuchábamos la radio. Ciertamente recuerdo encender la radio, pero no recuerdo nada de lo que dijo, en mi mente solo sonaba aquella especie de ronquido y esa voz de ultratumba diciendo “Me despertó...”. ¿Qué despertó a qué o quien? ¿Qué era aquello y porqué me parecía tan real todo? No hacía más que ver una y otra vez aquel extraño pilar, aquella especia de limo verdoso y esa figura que parecía respirar. Sumido en tales divagaciones no noté como Amanda se levantaba y apagaba la radio, me dio un par de suaves golpes con el dedo y entonces me moví sobresaltado.

-Vayámonos a dormir Alfred, es tarde y pareces cansado- Me miró fijamente a los ojos mientras pronunciaba aquellas palabras y me pareció ver a su alrededor un rastro de aquella leve bruma... cosas del sueño pensé entonces.

- Si cariño, estoy algo cansado. Acostémonos ya.

Subimos juntos las escaleras y al pasar delante de mi despacho comprobé que estuviera completamente cerrado y entré en nuestro cuarto. Amanda estaba en el cuarto de baño y no me notó entrar, estaba frente al espejo y lo tocaba con su mano derecha con la mirada perdida en su propio reflejo. Me desvestí mientras la miraba extrañado, no se movió. Al quitarme los zapatos los dejé caer con fuerza en el suelo, el ruido pareció sacarla de su estado de trance. No dijo nada, comenzó a quitarse los pendientes como si nada hubiera sucedido, y quizás no había notado nada.. Me acosté y espere a que ella también lo hiciera, apagué la luz y nos tapamos con el edredón. Poco después notaba como Amanda dormía, sin embargo yo era incapaz de cerrar los ojos. Cada vez que lo hacía aparecía frente a mí aquella imponente estructura y aquella terrorífica figura palpitante. No podía dejar de pensar en aquello tan extraño que soñé, me obligué a mi mismo a no dormirme... no quería correr el riesgo de volver a soñarlo. Pasaron así algunas horas, con la mirada perdida en el techo y la gutural voz resonando en mi cabeza “Me despertó...”


Dí varias vueltas en la cama, Amanda pareció medio despertarse alguna vez pero inmediatamente me decía que me estuviera quieto y seguía durmiendo. Pero yo seguía sin poder dormir, siguieron pasando las horas y yo de cara la cuarto de baño notaba como lentamente mis ojos comenzaban a cerrarse. Luche fervientemente por mantenerme en vela y no caer en el sueño de la noche, para no volver a aquel sitio...Pero era una lucha perdida, poco a poco fuí entrando en un agradable sopor y justo antes de cerrar los ojos definitivamente me pareció ver un leve reflejo verde proveniente del cuarto de baño. Mis ojos se cerraron definitivamente. Repentinamente volví a verme rodeado por aquella bruma espesa y frente a mí surgió otra vez aquél pilar del demonio. Sobre él seguía aquella figura palpitante, no parecía ser demasiado grande ni demasiado pequeña tampoco muy alta ni muy baja y fuí incapaz de determinar su anchura pues con cada mirada parecía desinflarse e hincharse. Aquel ronquido seguía resonando por todo aquel lugar... todo parecía ser como mi anterior sueño... con una excepción. Frente aquel ser salido de ninguna parte había otra sombra, esta era claramente humanoide y de tamaño normal. Parecía tener las manos en alto en actitud de oratoria y con cada ronquido de aquel ser los movía frenéticamente. Una voz resonó por todos lados “ Ella me despertó...”

Pero antes de que pudiera terminar de escuchar aquella extraña voz y su incomprensible mensaje algo me despertó de aquel sueño. Dí un brinco en la cama y abrí los ojos, a mi lado la cama estaba completamente vacía. En mi mente resonaban aún las terroríficas palabras de aquel ser y en la oscuridad de la habitación me pareció verlo. Cerré los ojos con fuerza tratando de sacar aquella imagen de mi embotada mente. Revisé la habitación lentamente, no había ni rastro de Amanda, entonces vi que de debajo de la puerta del baño surgía un halo de luz. No venía ningún sonido de la habitación. Me quedé en silencio, mirando la puerta cerrada y esperando que Amanda saliera. Nada. Pasaron algunos minutos y no parecía que fuera a salir. Esperé y esperé, poco a poco me fui sumiendo en de nuevo en un inquieto sueño.



Segunda parte de la división ficticia que he hecho de mi relato. Este relato es el segundo relato que escribí por completo de forma consciente (no es que haya escrito otros en un estado de sopor onírico como Alfred, sino con cierta edad y conocimiento de lo que hacía xD). Lo cierto es que me gustó mucho el resultado final. Veremos a ver que os parece finalmente. Un saludo

Vino del otro lado...


El metal estaba helado en mi mano, pesaba tremendamente y tiraba de mí hacia el suelo. Caí de rodillas y noté las agudas aristas cristalinas arañándome. Miré alrededor, la habitación estaba en penumbra y una capa de polvo cubría todos los muebles, de fondo una rata caminaba por la pared. Sentía una fuerte opresión dentro de mí, una sensación que oscurecía mi alma y que había estado comiéndome por dentro desde hacía días. Frente a mí, un espejo roto. Yo lo había roto, yo había acabado con él y con él esperaba que desapareciera la sensación...y aquel ser. Pero no, la sensación seguía dentro de mí y algo me decía que ese ser no se había marchado aún y que seguía aquí...observando. Frente a mí, un espejo roto. Nada más, los cristales cubrían todo el suelo, y en la pared justo en el centro del espejo, un agujero de bala. El revólver pesaba en mi mano y mi corazón pesaba en mi pecho. La sensación que quería eliminar no se había ido... y posiblemente el Ser tampoco... él ha estado siempre allí y ninguna bala terminaría con él ni con el sufrimiento que causa. Los cristales rotos no me devolverán mi vida...




Amanda llegó un día de verano radiante, traía dos jóvenes porteadores con ella que cargaban un pesado objeto a sus espaldas. La vi llegar por la ventana mientras trataba de sacar algunas palabras coherentes a mi pluma. La oí entrar en la casa y decirle a los jovenes donde colocar aquel objeto. Por la ventana llegaron además el sonido de coches de caballo y algún que otro rugido de motor esporádico, esos sonidos me ayudaban a escribir, por eso situé mi despacho allí. Frente a mí un folio escrito con una perfecta caligrafía y completamente ordenado, cuando trabajaba me gustaba tener todo bajo un perfecto control y orden eso ayudaba a mantener ordenada mi mente también. Un fuerte sonido llegó de escaleras abajo y un grito de Amanda desveló que no habían tratado demasiado bien el fardo. La escuché echando a los chavales de casa y los vi irse por la ventana. Poco después tenía a Amanda en el umbral de mi puerta mirándome.

- ¿Trabajas?- Preguntó en un tono bajo de voz, queriendo no molestarme. Tarde, ya lo había hecho - ¿Me marcho?

- Tranquila. Tenía pensado parar en breve. ¿Qué es eso que has traído? No estamos como para tener muchos gastos... vienen tiempos difíciles.

-No te preocupes Alfred, lo compré en un anticuario del centro. Lo vi... y me llamó la atención muchísimo y no pude evitar comprarlo. El anciano que lleva la tienda, un señor algo excéntrico, me dijo que se lo habían traído de más allá del Océano. Que un navío portugués lo había encontrado en una isla y recientemente se lo había comprado. No es precisamente nuevo...

-Pero, mujer, dime ya que es por Dios Parecía pesado y delicado por el modo en el que gritaste a esos pobres.

-Es un espejo, lo pondremos en el aseo de aquí arriba. La verdad, es algo tosco, pero bonito. Ven baja a verlo.

Salimos de mi despacho y antes de cerrar la puerta tras de mí eché la llave como hacía siempre. Allí estaban todos mis escritos y no dejaba que nadie entrara ni siquiera Amanda podía entrar sin mí. Guardé la llave en el bolsillo de mi camisa y bajé las escaleras.

Allí en medio del pasillo estaba el fardo que había visto por la ventana, estaba cubierto por una sábana blanca que dejaba entrever su forma. Mi esposa quitó la sabana enérgicamente con una sonrisa en su rostro.

No pude evitar dar un respingo y echarme un paso hacia atrás, lo que tenía frente a mi no era precisamente...hermoso como había dicho mi mujer. Era un espejo. Un gran espejo de cuerpo entero. No tenía una estructura de madera, ni nada que lo hiciera girar como tenían todos los espejos. Este estaba incrustado en un bloque pétreo tallado con figuras extrañas e inquietantes.

Me veía reflejado en él, mi corto pelo de negro azabache y mis pequeñas gafas para trabajar, el traje marrón que llevaba estaba muy arrugado por el uso. Parecía un espejo normal, sin embargo sentía algo extraño mirándome en él, Amanda por otro lado se contoneaba frente al espejo dando vueltas sobre sí misma agarrándose el vestido con sus rizos dorados al viento y una gran sonrisa en la cara. Me acerqué lentamente al espejo para poder ver aquellas figuras grabadas en la dura piedra. Toqué temerosamente los relieves, estaban fríos, muy fríos. Grabados en la piedra había un tipo de escritura que desconocía, cada letra en un trazo largo y pegado al siguiente. Intercalados con esa extraña escritura había unas toscas figuras talladas. Ahora que miraba de cerca la piedra había algo en ella que daba a las figuras cierta vida.... tenían un cierto color verdoso que cambiaba de tonalidad con la posición desde done la mirases. A simple vista las figuras parecían representar a humanos en escenas de la vida cotidiana, parecían cazar, rezar a un dios de forma antropomórfica y algunas otras actividades que no conseguía identificar.

Di la vuelta a la roca tallada, por detrás seguía habiendo figuras grabadas y el espejo. Terminé de rodearlo y vi a Amanda parada, con el semblante serio y mirando su propio reflejo como si algo la turbara por dentro.

-¿Sucede algo Amanda?

-Nada- Dijo dando un respingo como si la acabase de despertar de un sueño- Nada.... solo...solo me había parecido verme alguna arruga más, nada importante.

- Bueno, ¿quién va a subir esto?

- Mañana vendrán los dos muchachos de la tienda a subirlo, hoy tenían que irse porque debían entregar otro mueble antes de finalizar la jornada.

- De acuerdo, ahora, subiré a tratar de escribir algo más. Mientras tanto deberías ir preparando la cena, ya va siendo hora.

Subí lentamente las escaleras mirando de refilón a aquél nuevo mueble, si se le podía llamar así, de mi casa. Mientras pasaba de un escalón a otro me pareció ver un reflejo verdoso en la superficie del espejo. Sacudí la cabeza de un lado a otro para despejarme un poco y saqué las llaves de mi bolsillo.

Abrí la puerta y cerré lentamente, me dirigí a mi escribanía y me senté. Miré de nuevo a la hoja de papel que descansaba sobre la madera, agarré la pluma y la mojé en tinta. Me quedé mirando por la ventana esperando que llegara algo a mi cabeza, de repente me vino la inspiración. Comencé a escribir rápidamente pero tranquilamente con cuidado de no dejar ninguna mancha de tinta sobre la hoja. Después de algunos minutos de frenética escritura dejé de la pluma a un lado y miré el papel. Di un respingo al leer lo que había escrito en mi frenesí de tinta y letras. Era un desastre, todo desordenado, las palabras se unían unas con otras y no seguían mi esquema de escritura, los renglones se cruzaban y por el margen había escrito números y pequeños dibujos de piedras con surcos en ellas. No decía nada coherente y la mayoría de las palabras parecían inventadas. Cogí violentamente el papel e hice una bola con él y la apreté con fuerza. Guardé la pluma en su sitio y bajé la persiana de mi escritorio. “Estoy cansado, nada más, ha sido un lapsus he estado toda la tarde trabajando... si eso, solo un lapsus” Salí y cerré con llave. “Vaya ya han pasado veinte minutos, la cena debe de estar ya servida”

Bajé rápidamente las escaleras y me paré a mirarme en el espejo. “La verdad... me sienta estupendamente este traje” di un par de vueltas sobre mí mismo tal y como hiciera mi mujer apenas media hora atrás y continué hasta la cocina. Amanda estaba terminando de poner la mesa, me acerqué al fuego y arrojé sin ningún miramiento el caótico folio. Me senté en la mesa y hojeé un poco el periódico, nada interesante, sigue subiendo el número de parados y la economía va a pique... “Estamos locos, primero una guerra en Europa... ya hora... esto, la bolsa más que bolsa es un enfermo convaleciente...”

-Aquí tienes Alfred- Dijo Amanda tendiéndome un plato con un filete en él.

-Gracias cariño. ¿Has hecho algo hoy con la señor Thompson?

-Sí, bajamos al centro y estuvimos mirando tiendas. No puedes creer el lío que hay en la ciudad, todo el mundo habla de la Bolsa y de su caída.... Cada vez hay más gente sin empleo por lo visto... la verdad que hemos visto más de un vagabundo hoy. Después de un par de horas caminando encontré la pequeña tienda donde compré el espejo, la pobre señora Thompson no se atrevió a entrar...pero yo no pude evitarlo, necesitaba comprarlo y menos mal que estaba a un buen precio, sino me hubiera dejado un buen dinero en él - Soltó un par de carcajadas y bebió un poco de agua- Creo que ahora entiendo a mi hermana cuando tenía esos antojos de embaraza, algo dentro de mí me obligó a comprarlo.

La conversación pasó a temas más anodinos y no tienen importancia ahora mismo. Terminamos la cena y nos fuimos a acostar no sin antes pararnos los dos en el espejo y darnos un beso, solo para ver qué tal se veía en él. Tapamos el espejo con la sabana y nos acostamos. Extrañamente no pude dejar de pensar en la piedra que tenía debajo de mí, y algo me decía que Amanda estaba exactamente igual que yo...

Desperté en mitad de la noche, extendí el brazo esperando encontrar la figura d Amanda acostada a mi lado en las sombras. Pero no estaba. Agudicé el oído esperando oírla en el cuarto de baño, pero de la oscura habitación no venía ningún sonido. Me quedé en silencio, esperando su llegada, pero algo en mi interior me decía que iba a tardar todavía un rato y muy dentro de mí sabía dónde estaba. Tras algunos minutos de espera en la noche la vi llegar, vino del pasillo y en completo silencio. Caminando hacía la cama noté algo en su mirada, algo que me heló el alma. Se acostó tapándose con el cálido edredón y a los pocos segundos la noté dormir. Pero yo aún tarde un tiempo en dormirme, no podía sacarme de la cabeza aquella extraña mirada suya ni la idea de que había estado mirándose al espejo.





Esta es el primer corte hecho al relato que da nombre al blog, el relato en sí no está dividido en capitulos, esta es una división que he hecho para publicarlo aquí por partes. Espero disfruten.